18 de septiembre de 2009


Le Clézio llega “en secreto” y habla de la crisis

Yanet Aguilar Sosa El Universal Viernes 11 de septiembre de 2009

Fue tan personal la visita a México del premio Nobel de Literatura 2008, Jean-Marie Gustave Le Clézio, que no se hospedó en un hotel, sino en la casa del escritor y ensayista franco-mexicano Jean Meyer. Por su amistad con el especialista de la cristiada en México, el premio Nobel dictó una conferencia magistral en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
La visita del escritor francés nacido en 1940, que es autor de La cuarentena, El pez dorado, Desierto, Onitsha y La música del hambre fue tan estrictamente privada que aceptó la invitación de su colega y paisano Jean Meyer para participar en la celebración de los 35 años del CIDE, pero siempre y cuando no tuviera ningún encuentro con la prensa y mucho menos una entrevista.
Con ese condicionamiento, el escritor francés que vivió varios años en Michoacán, los cuales le sirvieron para estudiar México y escribir su tesis sobre La conquista de Michoacán y algunos libros como El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, aceptó tener dos encuentros en el CIDE, uno a puerta cerrada con estudiantes y otro, para dictar la conferencia magistral “El libro absoluto: la relación de Michoacán”, ante un público de no más de 150 personas.

“No somos ajenos a la pobreza”

Ante ese selecto auditorio, el narrador que se interesa en temas como la infancia, la adolescencia y los viajes, habló de El libro absoluto, sobre su relación con Michoacán, sobre su historia familiar y la familia de su esposa que lo ha mantenido conociendo la realidad del mundo, porque dijo “no somos ajenos a la tragedia ni a la pobreza, la conocemos y la hemos padecido”, pues señaló que sus orígenes no fueron fáciles.
Luego de su conferencia en la que leyó algunos fragmentos de El libro absoluto, el premio Nobel de Literatura 2008 conversó con Jean Meyer, respondió algunas preguntas del auditorio y en sus respuestas compartía comentarios más personales. Pero además, calificó a la literatura como un ejercicio de memoria no de imaginación y comparó a la novela con la música, la describió “como un tempo, una melodía que perdura”.
J.M.G. Le Clézio dijo que frente a la crisis que vive el mundo no sabe si la literatura ofrece alguna solución; “tal vez ninguna”, pero permite expresar la amargura. “La literatura es una expresión muy egoísta, el escritor no escribe para salvar el mundo, es más como un testimonio, es una forma de expresar sus amargura, su reivindicación”.
Tras su única presentación pública, el autor, cuya obra reciente es La música del hambre que han calificado como “intensa, oscura y luminosa a la vez” y que es publicado en español por Tusquets Editores, viajó a Michoacán, junto su esposa y su hija para descansar unos días.


19 de agosto de 2009

ENTREVISTA A JUAN GELMAN, POETA


"La poesía es un acto de resistencia frente al envilecimiento de los tiempos"
En una larga charla, el premio Cervantes 2007 habló desde su casa en México sobre su último libro de poesía, "De atrásalante en su porfía". También del poema que le
dedicó a su nieta María Macarena, que incluyó en este libro.

Por: Gabriel Reches


Cada vez resulta más difícil presentar en pocas líneas a este escritor que desde hace 79 años vive intensamente. De atrásalante en su porfía es el libro de poesía que acaba de publicar. Se llama Juan Gelman: es el hijo de inmigrantes ucranianos que escuchaba de su hermano los poemas de Pushkin, el que comenzó a escribir en secreto, el militante joven que con el grupo El pan duro se proponía una escritura hermanada con las utopías revolucionarias pero que no resignase desafíos líricos, o el que años más tarde utilizó palabras nuevas en un intento por llevar a la lengua castellana al límite de sus posibilidades expresivas.Gelman es también el hombre que se exilió para sobrevivir, el que en 1976 perdió a sus hijos y a su nuera embarazada en manos de un grupo de tareas asesinas, el que encontró consuelo en los escritores místicos, el que recuperó a su nieta Macarena después de años de búsqueda, el que ganó el Premio Cervantes y ahora, un año después, como si nada, atiende el teléfono en su casa de México y en vez de hola, para iniciar la conversación pregunta: ¿Bueno? y luego se dispone a hablar amablemente hasta que un previsible zumbido irrumpe. Desde sus comienzos tuvo una actitud militante y una posición frente al acto de escribir. ¿Qué queda hoy del Gelman que se inició en el movimiento de El pan duro? Lo que queda es la misma necesidad de la escritura de poesía y una confianza, si usted quiere un poco lastimada, de que algún día las cosas van a mejorar. Estos son tiempos realmente oscuros, hay momentos así en la historia de la humanidad. Luego siempre algo surge tendiente a cambiar las cosas. A lo largo de su vida ha dicho varias veces que la poesía es contraria a la deshumanización. ¿Parecería que hay algo de la poesía que confirma a la humanidad? La poesía, y el arte en general es un acto de resistencia contra el envilecimiento de estos tiempos. Cuando hablo de acto de resistencia no me refiero a acto voluntario. El solo hecho de que el arte exista es un hecho favorable en la historia. La creación de zonas de belleza y de cierta verdad, cuando uno lee poesía, ve un actor que le gusta, provoca una especie de encuentro, y también una especie de consuelo, porque uno piensa que a pesar de todas las catástrofes habidas y por haber nada ha interrumpido a la creación. Esto, con momentos más brillantes o menos, más o menos oscuros, continúa desde el fondo de los tiempos. Sus textos participan de una lírica que parece propia de esta resistencia, con la invención de palabras nuevas y reglas semánticas que tensan el límite de la lengua. ¿Se trató de una operación consciente? Tal como la concibo, la poesía nunca es una operación consciente porque nadie se puede sentar nunca a escribir poesía. Yo lo hago producto de una obsesión. Necesito escribir para saber de qué se trata. No sé qué quiero decir, no sé qué busco, salvo la expresión de esa obsesión. Nunca es una operación pensada, es lo que me sale. Analicemos lo que le salió en este último libro. ¿Qué significan las alusiones al lenguaje herido e imposibilitado de hacer su trabajo, al mundo que alguien debe componer, a los hombres como portadores de silencios, enigmas? Después de haberlo escrito y publicado, creo que mi libro es sobre la poesía y el trabajo del poeta, que entraña un sumergirse en sí mismo, en su propia maleza para encontrar la expresión. Este es el silencio al que refiere el libro, la coexistencia de una persona y un otro que escribe, alguien que uno no conoce bien, que está en el fondo, y no tiene todos los días. Algunos lo llaman inspiración, a mi me gusta llamarlo obsesión. ¿Cómo es Gelman obsesionado? No me resulta fácil pensar detalladamente en lo que hago. Es mi mejor momento. Escribo y lo que me parece que no fue, lo tiro, porque corregir mucho, para mí, es un acto de traición. Octavio Paz decía que un poema no se termina, que se abandona. Yo creo lo contrario, es la poesía la que abandona al que escribe y entonces el poema se murió. ¿Busca ese estado o lo encuentra? No se puede buscar. Llega de pronto. A veces cuando siento que llega lo pongo en duda y me contengo para no confundirme, porque muchas veces parece que llega y en realidad no es. ¿Se trata de una sensación física? Bueno, yo empiezo a sentir un zumbido en el oído y me pongo de muy mal humor. Cuando después de contenerme veo que el zumbido insiste, entiendo que no hay más remedio, y escribo la poesía sin saber qué voy a decir. Lo que viene después del zumbido es una época de escritura. ¿Cuál es la diferencia en sus hábitos cotidianos cuando atraviesa estas épocas? Me abstraigo de todo. Mi mujer dice que a veces me ve salir del estudio y, ojo, lo dice ella, salgo como transportado, tambaleante. Escribo de noche y a veces, en ese momento, uno desea la abolición del mundo. Perdone por estas palabras. Solo un poeta o un villano puede decirlo de ese modo. Sí, o un poeta villano. ¿Cómo cree que influyó el tema del exilio en su poética? Al exiliarme volví a leer a los místicos españoles y ahí encontré una gran compañía, escribí un libro que se llama "Citas y Comentarios" donde hay un intento de conversación con Santa Teresa, con San Juan y con autores de tango. Lo que para los místicos es ausencia, para el exiliado es una aguda sensación de pérdida. ¿Cómo está funcionando el otro que lo asalta? ¿Está escribiendo? No. En este momento estoy en una especie de depresión post parto. El libro apareció y eso alivia, pero ya quedó atrás y a otra cosa ¿Es el momento que se pregunta si ese otro va a volver a obsesionarlo? Sí, me pregunto si la señora vuelve. O ya no me lo pregunto. Es cosa de ella.

FUENTE: Revista Ñ

10 de julio de 2009

LAS PESTES NARRADAS, EN UN RECORRIDO POR GRANDES OBRAS DE LA LITERATURA

La escritora Patricia Suárez evoca las epidemias como tema literario, desde el siglo VI hasta las últimas décadas.


Por: Patricia Suárez


Un escritor es como un perro al que le tiran un hueso. Acontecimientos históricos, situaciones dramáticas, revoluciones sociales, cataclismos y hasta la peste, lo estimulan a escribir. La peste -la pandemia- es un leit motiv sobre una situación límite: siendo como es, desastre de la Naturaleza, plantea una guerra al organismo y a la sociedad. Por una parte, las únicas y últimas armas con que cada persona cuenta para enfrentarla son las de su sistema inmunológico; y por otra exige a quienes gobiernan un pueblo, la información, solidaridad, medidas sanitarias y asistencia necesarias para sobrevivir. Un estado empestado, enfermo, es un estado de guerra, será la conclusión de Albert Camus en su novela La peste (1947). En algunas ocasiones, los escritos sobre catástrofes tienen el mero objeto de ser una crónica de los sucesos de un pueblo, pero en otros se convierten en verdaderas obras literarias. Procopio de Cesarea, primer escriba o archivista del tiempo de Justiniano, registró en su Historia la primera pandemia de la que el mundo tiene conocimiento, que comenzó en el 540 d. Cristo y asoló el reino de Bizancio, diezmando su población en un 40%. Los síntomas que Procopio describe son propios de la llamada peste bubónica, aunque por ese entonces no se la definió así, sino que se la llamó -y así pasó a la historia- como la plaga justiniana. Nadie supo por qué remitió la peste, y la gente empezó a pensar en fenómenos cíclicos.Sin embargo la Peste con mayúscula, la que redujo a la mitad la población de Europa y que grabó para siempre una huella mnémica en los hombres de horror a las ratas, fue la de 1348. Según Giovanni Villani, autor de las Crónicas Florentinas, la peste comenzó el año anterior luego del desembarco de cuatro galeras genovesas que provenían de Turquía. Traían a bordo unas ratitas negras, las cuales eran picadas por una pulga que luego pasó a picar a los humanos. Villani relata que el conteo de las muertes era siempre grosso modo, porque no hubo censos ni precisiones por la rapidez con que atacó la peste. Las glándulas de ingles y axilas se hinchaban en forma de bubas -lo que dio a la enfermedad el nombre de peste bubónica- y muslos y brazos se cubrían de manchas negras; el enfermo moría de tres a cinco días después. Los sacerdotes que los asistían en sus últimos momentos, acababan contagiados; por eso el Papa decreto el perdón de los pecados a los sacerdotes que no se animaran a servir a los moribundos. Lo que hizo -y hace- a una peste tan virulenta sin duda es la ignorancia y el desconcierto. El hombre, desorientado por la ausencia de información, acaba por creer y defender las teorías más absurdas: por ejemplo, para la epidemia de viruela que hubo en Italia unos años después, Villani relata que los astrólogos explicaron la causa en la cuadratura de Marte y Saturno. En medio del pánico, algunos decidieron dejar sus casas y marcharse al campo. Villani otra vez mete la cuchara: pero si la peste es efecto de la Ira de Dios, ¿no podrá también alcanzarlos en el campo?Muchos, según Bocaccio, no pensaban lo mismo: sobre un grupo de hombres y mujeres que huyen a la campiña, erige él su Decamerón. También la peste negra cesó, sin que nadie supiera a que se debió. Hoy se sabe que es un bacilo llamado Yersinia -su descubridor fue Alexander Yersin- y que la peste puede ser controlada tanto con medidas preventivas como en individuos afectados. Quinientos años después del libro de Bocaccio, cuando ya la peste es curable, Albert Camus finalizará su La peste diciendo que se esconde y acecha en cualquier parte.Pero antes de que la ciencia diera cierta calma a los humanos, la peste asoló otra vez Europa en 1664, haciendo foco esta vez en Holanda y desparramándose por el continente. También aquí se debió a que unos marinos desembarcaron sus mercaderías de Turquía. Para ese entonces, Daniel Defoe tenía cinco años y en 1722 escribió la novela Diario del Año de la Peste relatando los acontecimientos, con ese estilo innovador, entre la ficción y el periodismo. Quien narra la crónica es un talabartero que prefiere no abandonar su negocio en Londres. (Alberto Moravia escribirá en 1957 La Campesina, haciendo jugar las equivalencias entre peste y guerra: una almacenera tampoco quiere abandonar su negocio en la Italia en guerra y cuando lo hace, se sume en la desgracia). El talabartero de Defoe sobrevive a la peste y es testigo de los estragos: el remate de su novela es una rima que él solía repetirse como una oración mágica personal: "Una terrible peste hubo en Londres/ En el año sesenta y cinco/ Que arrasó con cien mil almas/ ¡Y sin embargo estoy vivo!" La lectura de los textos sobre las pandemias suelen ser desoladores y la mejor lección que dejan es la súplica de que nadie se vea jamás en la necesidad de escribir ni anotar los sucesos, ni de crearse una rima personal.

FUENTE: Revista Ñ

6 de junio de 2009

Ese perverso interés por la intimidad de los demás


El escritor español Juan Goytisolo reflexiona aquí sobre la exposición de la intimidad ha llegado también mundo literario. "Lo que antes se susurraba al confesor en la Iglesia se explaya ahora en directo ante millones de telespectadores. En ese strip tease de la autobiografía muchos sacan réditos", se lamenta.
La actual invasión de la intimidad en los medios informativos -llevada como sabemos a extremos nauseabundos- responde al apetito morboso del gran público por conocer la supuesta verdad oculta detrás del mito de los actores famosos, políticos, gente guapa, realezas o ases del balón.Tanta avidez halaga a los sujetos de tal inquisición de sus vidas privadas y les procura a veces jugosos beneficios. Las portadas de las revistas del corazón y los programas del tipo Gran Hermano tienen un precio y los protagonistas desnudados en público o, por mejor decir, los actores de su propio strip-tease, se aprovechan de ello y la convierten en un modus vivendi rentable. Lo que en mi niñez se susurraba al sacerdote confesor en el silencio de una iglesia se explaya ahora en directo ante millones de telespectadores. Sí, le fui infiel. Tengo una amante que me satisface más que él. Soy alcohólico. Conduje en estado de embriaguez. Odio a mi hijastra. Etcétera.El ámbito literario y cultural no podía ser una excepción a la avasalladora invasión. Los mitos que envuelven a las grandes estrellas, casi siempre con su consentimiento, requieren en contrapartida su correspondiente desmitificación: la demolición a partir de una cascada de revelaciones picantes de la figura del ídolo enhestado a las alturas del éxito o la gloria. Sin mito, no hay antimito. El acoso a las figuras mediáticas, el ansia de hurgar en sus secretos o zonas oscuras, abarca a todos los protagonistas del espacio público.El candidato a las elecciones estadounidenses debe proceder, por ejemplo, a un escrupuloso examen de conciencia no sólo sobre su honradez y competencias, lo cual responde a las normas de una transparencia democrática, sino también de sus pecados o pecadillos de índole íntima: fui injusto con mi primera mujer, frecuenté a un grupo de jóvenes adictos a la marihuana, tuve dos aventuras amorosas antes de contraer matrimonio...El famélico telespectador aguarda aún, insaciable: ¿mintió alguna vez a su esposa, correspondió al amor de sus padres? La voracidad de desnudar al personaje carece de límites. Sabedores de ello, algunos políticos astutos, sin tener la menor idea de quién fue Guy Debord, actúan en la vida como un escenario televisivo. Las bufonadas y dotes histriónicas de Berlusconi, los amores y desamores de Sarkozy encarnan la nueva era. El Gran Teatro del Mundo calderoniano se ha transmutado en un Gran Plató Global en el que los entronizados por la fama aspiran a convertirse en personajes de sí mismos. Seguir siendo únicamente personas es una prueba irrefutable de mediocridad. Hablaba de la contaminación de semejante estado de cosas en el ámbito cultural. Lo que hoy interesa del escritor o artista conocidos es menos cuanto escribió o escribe que su biografía, especialmente la no autorizada. Quien se arriesga en el género autobiográfico -lo sé por experiencia- engaña de algún modo al lector: la sucesión de recuerdos deshilvanados de la propia vida se plasma en una ambigua continuidad argumental, en un texto sujeto, como todo relato, a una serie de exigencias compositivas de índole artística. Lo que se inicia como labor de arqueólogo -la de ahondar en las incertidumbres de la memoria- se trueca insidiosamente en tarea de arquitecto, geómetra o agrimensor. Pero si ello relativiza la verdad de las mejores obras del género, el campo de la biografía ajena se presta a una manipulación infinitamente mayor. La contextualización de poemas, novelas, obras teatrales o artísticas deja a éstas en segundo o tercer plano. El indagador las pospone a las circunstancias preferentemente dramáticas o excitantes en las que fueron creadas. Pero, ¿aumenta esto el interés por aquéllas?Me temo que la respuesta sea negativa. No leemos más a Virginia Woolf, Sylvia Plath o a un notable poeta de mi generación por la cascada de revelaciones patéticas del biógrafo. Nos internamos únicamente en la espesura de sus dramas personales, en los pormenores de su vida secreta, en sus pulsiones más íntimas. Los investigadores nos develan que Fulana fue una homosexual reprimida, que Mengano frecuentaba los escenarios sadomasoquistas, que Perengana sufrió el cruel maltrato psíquico de su pareja... Descubrir que Gertrude Stein y su querida Alicia se beneficiaron de la complicidad del régimen de Vichy durante la ocupación nazi, ¿mejora nuestra intelección de la Autobiografía de Alice B. Toklas? Una cosa es leer el Nunc manet in te de Oscar Wilde o el Diario de André Gide, y otra muy distinta los descubrimientos sensacionalistas de Janet Malcom. Los episodios y vicisitudes de una vida, expuestos a la luz del día, cumplen una doble función: la de rebajarlos, para consuelo de mediocres, al nivel de todo hijo de vecino y, paradójicamente, la de fortalecer y amplificar el mito.Muchas veces he imaginado la que habría caído encima al pobre Cervantes si hubiese vivido en la era mediática tras el éxito popular del Quijote. Le veo acosado por cámaras y grabadoras, espiado en sus menores movimientos por periodistas y retratones, sometido al interrogatorio implacable de los micrófonos.La publicación de media docena de biografías de Cervantes, escrutadoras y no autorizadas, arrasaría y se convertiría en un fenómeno editorial. La lectura de las andanzas del Caballero de la Triste Figura y de su fiel Sancho cedería paso a las de las revelaciones apetitosas sobre su autor. La verdadera historia del inventor del Quijote escalaría las listas de los campeones de ventas y ocuparía los escaparates de El Corte Inglés.

FUENTE: REVISTA Ñ

30 de abril de 2009

Rosa Regas, el paso del tiempo y el mundo de las ficciones

"Para escribir es necesario un lugar libre en la mente"
Vino para ejercer su labor de jurado en el Premio Planeta, pero la visita también sirvió para presentar Diario de una abuela de verano, donde se animó a trabajar con el material de su propia vida familiar. Pero, además, Regàs analiza la Europa de hoy: "Somos más ricos porque hemos robado más y mejor".
 "Estoy convencida de que no hay más inspiración que la obsesión", sostiene la escritora española.
Final del formulario

El día de su cumpleaños entró a la clase y le dijo al cura que le enseñaba latín: "Padre, padre, ya tengo once años". Pero el sacerdote, "parco en palabras y con una constante expresión de sufrimiento en el rostro", le respondió: "Regàs, ya no tienes once años". La respuesta del "padre" la dejó perpleja. "El paso del tiempo es algo que me obsesiona desde que soy una niña, no es una reflexión que haya aparecido con la edad", admite Rosa Regàs en la entrevista con Página/12. La escritora española llegó a Buenos Aires para integrar el jurado del Premio Planeta, editorial que acaba de publicar su último libro, Diario de una abuela de verano. Una vez más, Regàs confirma su exquisita calidad como narradora, ya sea en el mundo de la ficción, lugar que escogió como refugio cuando empezó a escribir a los 50, o trabajando con el material familiar de su propia vida. A partir de la bulliciosa "invasión" de sus 14 nietos en la casa donde pasa las vacaciones, la escritora hilvana anécdotas y reflexiones sobre la infancia, la muerte, la escritura, la condición de la mujer en el siglo XXI y el confort en el que viven los europeos.
Regàs, directora de la Biblioteca Nacional, subraya que José Luis Zapatero es un presidente que se merecían los españoles. "Lo que no nos merecemos es la oposición que tenemos, que es muy violenta, insultante y descalificadora", compara la escritora. "Zapatero no sólo ha cumplido con todo lo que dijo en su programa electoral, sino que está haciendo frente, dentro de la Constitución, a todos los problemas y conflictos que se le presentan por una actitud negativa y beligerante del Partido Popular, que todavía no ha acabado de digerir que perdió las elecciones."
-Recientemente, España expulsó inmigrantes magrebíes, decisión que sorprendió por el hecho de ser tomada por un gobierno socialista. ¿Cuál fue su posición ante este tema?
-¿Qué podría haber hecho el gobierno español que hasta aquel momento no tenía el apoyo de la Unión Europea? ¿Abrir las fronteras y que entraran 30 millones de subsaharianos? El problema es muy grave, pero no consiste en dejar entrar o no a los inmigrantes sino en ayudar de verdad a los países africanos. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional lo único que hacen es engrosar la deuda y el servicio de la deuda. Si instalan fábricas en estos países ofrecen sueldos irrisorios, encima pagando royalties a las marcas europeas. Los países africanos no pueden crecer, es imposible porque están pagando el servicio de la deuda cuando ya han pagado la deuda tres y cuatro veces, y este servicio les impone un tanto por ciento muy elevado de su Producto Interior Bruto. Esto tiene que cambiar y cambiará de una manera o de otra. Si no cambia por las buenas, será por las malas, si los países ricos no reconocen una deuda histórica, si no admiten todo lo que se llevaron de los países pobres, éstos se sublevarán y acabarán tomando el poder. 
-¿Hay temor en España de que se produzca un efecto contagio similar a las revueltas en Francia? -Supongo que tanto España como Italia, Alemania o Inglaterra pensarán que "cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar". Los países deben tener políticas sociales de integración un poco más positivas y eficaces. En este sentido Francia las ha abandonado muchísimo, y aunque ahora quieran ponerlas en marcha, les va a resultar muy difícil. Realmente estos jóvenes franceses están muy marginados, no logran tener trabajos, están menos preparados, los discriminan y hay un 20 por ciento de la población de Francia que es absolutamente racista, con lo cual la única solución que tienen estos chicos es hacerse notar: "Nosotros somos ciudadanos franceses". De la misma manera que tantos franceses se fueron a Argelia para hacerse ricos, los padres de estos jóvenes han ido a Francia simplemente para trabajar, y ellos sólo piden lo mismo.
-En Diario de una abuela de verano, usted cuestiona mucho la idea de confort. ¿Cómo incide en la vida política y social esa sensación de "bienestar generalizado" en la que viven los europeos?
-Las personas como yo, que intentamos tener un compromiso social, somos conscientes del gran gasto ecológico que producimos, mientras que los países que están menos desarrollados pagan lo mismo que nosotros. Esos países están muy violentados por el peso de la deuda. El bienestar en el que vivimos lleva a una indiferencia política y social, pero ese confort es producto de una estafa. Los países europeos son lo que son, y han tenido sus imperios, porque han expoliado a los países que ahora están en vías de desarrollo. Pero además los han seguido expoliando porque, en muchos casos, han mantenido líderes corruptos en distintas regiones, que beneficiaban sus intereses, en su momento no ayudaron a las poblaciones a crecer y se llevaron el oro, la plata, el níquel y todo lo que encontraron. Estos países menos favorecidos están condenados a pagar una deuda externa sin que nadie haya tenido en cuenta que los países acreedores tienen otra deuda, que es la deuda histórica, la de sangre. No somos más listos, más trabajadores, menos corruptos y más ricos como nos quieren hacer creer. Somos más ricos, simplemente, porque hemos robado más y mejor.
Aunque no pertenece a ningún partido político, Regàs es una mujer de izquierda que defiende sus ideas. "Que sea directora de la Biblioteca Nacional no quiere decir que tenga que renunciar a mis convicciones", dice. Estas convicciones aparecen, también, en Diario de una abuela de verano, aunque combinadas con el oficio de la escritura.
-En el libro confiesa que descubrió que escribir un diario es más complejo que la ficción. ¿Por qué?
-En una novela el autor se desnuda con unos caracteres que no son reconocibles por la mayoría de los lectores. Hay poca gente que quizá pueda ver al autor o algunos rasgos de su personalidad. Pero en la escritura de un diario, o de memorias, siempre estás absoluta y completamente desnuda, no hay dudas. Y acostumbrada a estar siempre en la ficción, que es un mundo que yo misma me creo, tengo la esperanza de que nadie vaya a descubrir quién está detrás de esa ficción.
-También señala que es muy difícil escribir. ¿Siempre pensó lo mismo?
-Siempre. La verdad es que me puse a escribir cuando tenía 50 años. El tiempo pasa muy rápido y cuando me quise dar cuenta, vi que había plantado muchos árboles y había tenido muchos hijos, pero que al paso que iba, acabaría muriéndome sin haber escrito un libro. A mí me cuesta mucho trabajo escribir porque sé que ese momento es una entrada al interior de mí misma, que no siempre me resulta agradable, o por lo menos que me produce un poco de inquietud, de zozobra. Cuando me pongo a escribir pienso que necesito que la mesa esté muy arreglada, que no tenga papeles, pero nunca sé si es que realmente lo necesito... me parece que no, que en realidad estoy intentando retrasar el momento de sentarme y hacerlo. A mí me cuesta entrar en el mundo de ficción, pero una vez que estoy instalada ahí dentro ya no me muevo.
-Una vez que ingresa en ese mundo, ¿qué ocurre con su vida? En el libro se pregunta por qué hay que optar entre la vida y la literatura.
-Si estoy escribiendo una novela, me parece que la realidad es mucho menos contundente. A veces me ha pasado que estoy escribiendo y no me sale una palabra, miro por la ventana, veo un árbol y me pregunto qué hace ahí; me parece hasta raro que el árbol que he visto toda la vida siga estando en el mismo lugar. Estoy convencida de que no hay más inspiración que la obsesión, y en ese sentido cuando uno está inspirado quiere decir que está absolutamente obsesionado por la creación de ese mundo: ama o detesta a los personajes, ve los paisajes como son, tiene inquietud porque se da cuenta de que le falta todavía acabar de definir el conflicto o el diálogo. Y la realidad exterior es una realidad muy vaga y lejana.
-¿Por qué postergó la decisión de dedicarse a escribir hasta los 50?
-Tenía muchas otras cosas que hacer, no he sido una persona de una sola vocación, he tenido muchas vocaciones. Antes tuve mi propia familia, mi propia libertad económica, que me ha costado porque tuve que aprender a trabajar con niños. Pero además me ha gustado viajar, salir, bailar y beber... me han gustado muchas cosas y para escribir lo que hace falta no es tanto una habitación propia, sino un lugar libre en la mente donde poder fabular. 


Final del formulario
Rosa Regàs estuvo a la vanguardia de la lucha contra el derechista ex presidente de España José María Aznar. Fue la primera en cuestionarlo públicamente por "reaccionario y catolicón". Antes de dedicarse a la escritura, trabajó en el mundo de los libros. En 1970 fundó la editorial La Gaya Ciencia y las revistas Arquitectura bis, Cuadernos de la Gaya Ciencia y Quaderns de la República i la Guerra Civil. Ha publicado las novelas Memoria de Almator (1991), Azul (Premio Nadal 1994), Luna lunera (1999) y La canción de Dorotea (Premio Planeta 2001), los relatos de Pobre corazón (1996) y Desde el mar (1997), entre otros. Regàs escribe regularmente en las secciones de viajes y de opinión de El Mundo, y colabora en el programa La ventana, de la cadena Ser. 

FUENTE Página/12

22 de abril de 2009

Toni Morrison: "La esclavitud sigue existiendo en Estados Unidos"

En esta entrevista con motivo del lanzamiento en español de su novela Una bendición, en la que vuelve a tratar el tema de la esclavitud, la única Premio Nobel estadounidense viva dice que "Bush era un tendero, no un presidente; no hablaba a ciudadanos sino a consumidores".

La señora que limpia la habitación de nuestro hotel se llama Berlinda y es negra. Pasa la aspiradora por la alfombra, mientras escucha a los Black Eyed Pies en su iPod. A través de la ventana, se ve un grupo de seis hombres que duermen cada noche en la calle. Son todos negros.
En el quiosco, se exhiben revistas negras, es decir, escritas por periodistas negros y que hablan de famosos negros (deportistas, presentadores, actores, políticos...), que son los únicos que aparecen en las fotos, como si existiera un mundo sólo de negros.
A un europeo medio le basta pasearse por Nueva York para sospechar que Estados Unidos tiene un problema racial. Pero, en realidad, las cosas están cambiando, y el símbolo de todo ello es un señor que aparece cada día en la televisión, al que le acaban de regalar un perro. Es el presidente del país y también es negro.
Su novela favorita es La canción de Salomón, escrita por Toni Morrison (Lorain, Ohio, 1931) en 1977. Berlinda no ha leído a Toni Morrison, pero habla de ella con admiración. Esta escritora es, además del último Premio Nobel vivo de nacionalidad estadounidense, el principal testigo literario de todos esos cambios que se están produciendo.
Cronista de la epopeya de una raza castigada, novelista de los de abajo, de personajes que sufren, viven y aman con intensidad, nos recibe en su lujoso dúplex de Chinatown -unas antiguas dependencias policiales- para hablar de su nueva novela, Una bendición.
¿Por qué vuelve a tratar el tema de la esclavitud?
Me quedaba hablar de aquellos que fueron esclavos antes de que EE.UU. existiera. Uno de mis temas ha sido siempre la mitología de este país, abordar el cuento de hadas nacional sobre nuestros inicios. En los siglos XVII y XVIII aquí vino gente de todos los lugares de Europa: suecos, españoles, holandeses, franceses, ingleses... Quise hablar de un tiempo en el que la esclavitud todavía no se había asociado a una raza, la negra.
Muchos lectores van a descubrir, gracias a esta novela, que había esclavos de raza blanca...
Sí, así es. Los esclavos eran los parias, los más pobres, miserables y desafortunados, blancos, indios y negros. Después, el racismo se convirtió en ley y separó a los pobres blancos de los pobres negros. Pero en el siglo XVII los esclavos negros y blancos trabajaban juntos en las plantaciones de tabaco. La gran aportación de EE.UU. es que, por intereses políticos y de los propios blancos pobres, se estableció una jerarquía racial, plasmada en textos legales, con el fin de proteger a los ricos pero a la vez para que hubiera un tipo de pobres, los blancos, que miraran a otros pobres desde arriba. Y ese entramado cultural racista todavía opera en este país, perpetuando las divisiones en contra de lo que debería ser una verdadera democracia. El racismo no es natural, sino algo construido en función de intereses.
De hecho, en los años en que se desarrolla su novela, ni siquiera existía EE.UU.
Es un momento histórico muy poco conocido, previo incluso a la organización de las colonias. Había una recepción constante de gente, un movimiento de población humana enorme, muchas ciudades que cambiaban de nombre en función de la nacionalidad de sus ocupantes, todo fluctuaba, había un aluvión de gente venida de todo el planeta, atraída por los recursos naturales, por el oro, por una naturaleza generosa. Y fue en esa época en la que llegaron los domésticos blancos, tan esclavos como los negros. La única diferencia es que podían fugarse y confundirse entre la población, mientras que a los negros siempre los capturaban.
En ese contexto, vemos que la religión, las religiones, fueron muy importantes...
¿De dónde viene la fuerza de la Iglesia? En el libro hablo de eso relacionándolo con esa idea tan americana del individualismo: el mito de vivir solo, ser un tipo duro, sin familia o abandonándola para irse a vivir aventuras. Es algo que forma parte del imaginario de la nación americana, con el cowboy como su máximo exponente. Yo me fijo en lo que sucede cuando el hombre se va. ¿Qué tipo de familia genera eso? La mujer se queda sin ningún apoyo, sola con los niños, y entonces llama a las puertas de la Iglesia, que le ofrece ayuda e integración.
¿Sigue habiendo esclavitud en Estados Unidos?
Claro. Ya no es una institución formal, legal, pero sí existe gente que no cobra por su trabajo y que no puede decidir abandonarlo. Las grandes civilizaciones (Atenas, Roma, Rusia...) se han apoyado siempre en esclavos, se llamen como se llamen. Me interesa cómo ese encarcelamiento puede ayudar a una persona a darse cuenta de muchas cosas, a generar una gran dignidad, incluso libertad, desde el momento en que uno decide no ser el mismo monstruo que su amo.
¿Cómo describiría a Florens?
Ella es el personaje central del libro, una esclava que desconoce su condición porque sus amos la tratan muy bien. Es joven, hermosa... y se enamora. Y llega a convertirse en una obsesa.
¿Y Jakob?
Es un holandés que llega en barco a América, huérfano, prototipo de esas personas que hemos promovido como los que levantaron este país, alguien que intenta tener éxito. Pero le repugna la esclavitud y tratar comercialmente con carne humana.
¿La América posracial existe ahora con Obama?
Hay algunos cambios, lo veo en los estudiantes que tengo en Princeton, son más maduros que antes. La gente joven, en ciudades como Nueva York, ya no se interesa por la raza y eso es bueno. Pero todavía hay profundas zanjas que dividen a la gente por el color de su piel, no hay más que mirar las estadísticas sobre pobreza, crimen o nivel educativo. El éxito de Obama es estimulante, marca el inicio de algo nuevo.
Usted aprecia, además, sus cualidades literarias.
Es un buen escritor, cosa que pocos políticos son porque no suelen leer literatura. Es ameno, estructurado, tiene ritmo, utiliza metáforas profundas, diálogos...
En sus libros los negros son trabajadores, prostitutas, borrachos, y ahora tenemos un presidente. ¡Vaya cambio!
Ja, ja. ¿No me pedirá que le responda una pregunta tan absolutamente inapropiada, verdad? A mí me interesan esos personajes ordinarios porque no aparecen en los libros de historia. Es como si no hubieran existido jamás, y yo les devuelvo a la vida.
Vivió la depresión de los 30. ¿Cómo ve la crisis de ahora?
En los años 30 vivimos una vida realmente miserable. Eramos pobres, y no le hablo solamente de la comunidad negra sino de inmigrantes de todos los sitios. Sobre la situación actual, lo precioso es que el capitalismo se ha acabado, parece un milagro. Nadie va a aplaudir más a gente que gana mil millones de dólares a la semana. Esos excesos se han acabado, ya no podemos más. Eso es bueno. Este país puede volver a empezar. Piense que, tras el 11-S, la gente miró la televisión ¿y cuál fue el mensaje que nos envió el presidente Bush? Nos dijo: "Vayan al cine, a las tiendas, ¡compren! ¡compren!" ¿Usted cree? Era un tendero, no un presidente, hablaba no a ciudadanos sino a consumidores.
Fuente: Revista Ñ

14 de abril de 2009

José Saramago. Gaza: crimen y vergüenza




No es una guerra, no hay ejércitos enfrentados. Es una matanza

No es una represalia, no son los cohetes artesanales que han vuelto a caer sobre territorio israelí sino la proximidad de la campaña electoral lo que desencadena el ataque. No es la respuesta al fin de la tregua, porque durante el tiempo en el que la tregua estuvo vigente el ejército israelí ha endurecido aún más el bloqueo sobre Gaza y no ha cesado de llevar a cabo mortíferas operaciones con la cínica justificación de que su objetivo eran miembros de Hamas. ¿Acaso ser miembro de Hamás despoja de condición humana al cuerpo desmembrado por el impacto del misil y al supuesto asesinato selectivo de su condición de asesinato sin más? No es un estallido de violencia. Es una ofensiva planificada y anunciada hace tiempo por la potencia ocupante. Un paso más en la estrategia de aniquilación de la voluntad de resistencia de la población palestina sometida al infierno cotidiano de la ocupación en Cisjordania y en Gaza a un asedio por hambre cuyo último episodio es la carnicería que en estos días asoma en las pantallas de nuestros televisores en medio de amables y festivos mensajes navideños. No es un fracaso de la diplomacia internacional. Es una prueba más de complicidad con el ocupante. Y no se trata sólo de Estados Unidos que no es referencia moral ni política sino parte, la parte israelí, en el conflicto; se trata de Europa, de la decepcionante debilidad, ambigüedad, hipocresía, de la diplomacia europea. Lo más escandaloso de lo que está pasando en Gaza es que puede pasar sin que pase nada. La impunidad de Israel no se cuestiona. La violación continuada de la legalidad internacional, los términos de la Convención de Ginebra y las mínimas normas de humanidad, no tiene consecuencias. Más bien, al contrario, parece que se premia con acuerdos comerciales preferentes o propuestas para el ingreso de Israel en la OCSE. Y qué obscenas resultan las frases de algunos políticos repartiendo responsabilidades a partes iguales entre el ocupante y el ocupado, entre el que asedia y el asediado, entre el verdugo y la víctima. Qué indecente la pretendida equidistancia que equipara al oprimido con su opresor. El lenguaje no es inocente. Las palabras no matan pero ayudan a justificar el crimen. Y a perpetuarlo. En Gaza se está perpetrando un crimen. Lleva tiempo perpetrándose ante los ojos del mundo. Y nadie podrá decir, como en otro tiempo se dijo en Europa, que no sabíamos.